Te perdí.

 

Te Perdí. 


Y la volví a ver a principios de agosto, el final del verano se sentía cada vez  más cerca, el sol de media día estaba en su mayor resplandor y ella se veía hermosa con su vestido de flores, su pelo lacio y su mochila vino. Estábamos en la casa de una amiga que teníamos en común, tímido me acerqué a ella. Hablamos por horas, su compañía me hacía sentir cómodo y seguro; y en eso se basó el mes de agosto, hablábamos día, tarde y noche. Y sin darme cuenta ya pensaba en ella cada minuto y ante mis ojos nueve chica más perfecta y sencilla como ella.


Septiembre y octubre fueron meses bonitos para los dos, cada día que pasaba mi enamorada más de ella, se me hacía tan fácil quererla porque con tan sólo una mirada me hacía olvidar de todo. Pero no todo era tan bonito como parecía y empezaron los problemas. Discutíamos por lo menos una vez a la semana por distintas razones, la más común era porque sus padres no le gustaba que saliéramos, pero aún así buscamos la manera de vernos y hacer cosas distintas siempre; yo entendía la posición que tenía sus padres ya que los míos a veces eran igual y por eso era que no le dábamos mucha importancia o a veces sólo peleamos por cosas insignificantes, se volvió un poco cansado y monótono. 

Después de las constantes peleas decidimos tomar un poco de distancia para resolver cualquier problema personal que tuviéramos, si soy sincero creo que fueron la semanas más largas para mi. La chica que se volvió parte de mi día día ya no estaba más, no tenía con quien compartir mis alegrías o mis momentos tristes. Sin embargo, creo que también tuve un poco de culpa por la separación, me estaba portando un poco distante ya que pensaba que ella no me quería o si se sentía igual.


Tras dos meses de no saber nada de ella y empezar a aceptar un poco más su ausencia, volvió. Volvió y me di cuenta aún más de cuánto le extrañaba, hablamos en una reunión de amigos en la que coincidimos, se sentía como si no hubiera pasado ni un solo día alejado de ella; pero aún así seguía teniendo miedo de qué no me quisiera. Volvimos a hablar todos los días y me seguí haciendo feliz pero sabía que no iba funcionar y gracias a mis inseguridades la volví a perder, y esta vez para siempre.

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